Jóvenes Solidarios

Con la colaboración de:
Elena Blasco. Gerente de la Fundación Psicopediatría de Sevilla

«El primer día no podía distinguir entre usuarios y trabajadores»

La fundación presta apoyo a personas con discapacidad intelectual y sus familias de Sevilla y la provincia considerando sus intereses en las distintas etapas de su vida

La Fundación Psicopediatría de Sevilla, oculta a simple vista por la vegetación junto a la autovía que sale de Sevilla hacia Málaga, quiere hacerse ver. Convertirse en un referente en Sevilla y superar los servicios y la atención que han prestado hasta ahora a sus usuarios, que van desde el más pequeño con 4 años al mayor con cerca de 70. Por ello, se interna este año en un ambicioso Plan Estratégico para crecer. Elena Blasco, gerente de la fundación, llegó hace ocho años a la entidad desde el mundo de la construcción. Ahora, se emociona hablando de los usuarios y de la felicidad que impera en las clases y los pasillos.

—Te reinventaste en tu profesión. ¿Cómo fue tu primer día?

—Fíjate que cuando me presentaron a todo el personal, no sabía distinguir entre usuarios y trabajadores, de la buena relación que aquí se vive. Es muy gratificante ver la utilidad de tu trabajo en las caras de felicidad de los usuarios.

—¿Cómo es esa relación con los usuarios?

—Atendemos a personas que llevan cerca de 30 años con nosotros, con lo que el vínculo va más allá de los profesional. Es más afectivo. Se paran al verte, te preguntan por la familia, y ellos te cuentan sobre su vida, sobre una novia o el nacimiento de un sobrino.

—¿Cuántos trabajadores forman parte?

— Ahora mismo hay 86 en plantilla que forman un equipo multidisciplinar. Tenemos médicos, psicomotricistas, fisioterapeutas, logopedas, psicopedagogos, psicólogos, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales... Algunos se han ido profesionalizando con nosotros en función de las necesidades que han ido surgiendo.

—¿Cuándo y cómo nació la fundación?

—Nació en el 73 como sociedad anónima por la necesidad que tenían 3 familias sevillanas de escolarizar a sus hijos con discapacidad intelectual. Fue en el 2008 cuando se constituyó como fundación.

—¿Con qué centros cuenta?

—Aquí en la sede tenemos el centro de educación especial, con alumnos de 3 a 21 años. Posteriormente, pueden acceder al centro de día o el centro de día ocupacional en función del grado de discapacidad o a la residencia de gravemente afectados que está en La Motilla, Dos Hermanas.

Usuarios de la fundación junto a Elena en un taller del centro de día ocupacional / Rocío Ruz
Usuarios de la fundación junto a Elena en un taller del centro de día ocupacional / Rocío Ruz

—¿Qué otros servicios ofrecéis?

Las furgonetas nos faltan para todas las actividades de ocio que organizamos. Van a la piscina, a pádel adaptado, a Isla Mágica, al Acuario, viajes del Imserso... Salen mucho. Ahí es donde desarrollan las habilidades sociales. Y también tenemos muy en cuenta la atención a las familias, a las que ahora queremos involucrar aún más.

—¿Cuál es el objetivo de los próximos años?

—Queremos que se reconozca a la fundación con la certificación ACSA. En un plazo de 3 años nuestro Plan Estratégico incluye la ampliación del catálogo de servicios, como pisos tutelados o residencia de mayores para que los usuarios vivan con sus padres; mayor participación de las familias; un plan de captación de fondos; mayor presencia pública y especialización de los profesionales; y aumento de las calidades. Planteamos, por ejemplo, un aula de estimulación sensorial para la atención temprana.

—¿Cómo es la financiación?

—El colegio está concertado con la Consejería de Educación y los centros de día y la residencia con la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales. Además, buscamos las subvenciones públicas y privadas a las que podemos optar. Aún así, para los proyectos de los próximos años necesitamos entidades que quieran crecer junto a nosotros.

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