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«Demostramos a los jóvenes que las iglesias no son solo para personas mayores»

Por  8:52 h.

Rocío Canelo es una de las animadoras de la Pastoral Juvenil de la Parroquia de Santa María de las Flores y San Eugenio Papa, ubicada en el barrio de Pío XII. Como muchos otros jóvenes de la zona, lleva ligada a la institución prácticamente desde niña y es uno de los miembros más activos de la comunidad aunque, como no para de recordar, «la comunidad de Las Flores es una familia y todos los componentes deciden y proponen por igual».

La Parroquia de las Flores, como es conocida, es una de las más activas en la comunidad. Así, además de su pastoral juvenil, que realiza actividades de tiempo libre, deporte, solidaridad y refuerzo en los estudios, posee otros grupos parroquiales que tocan diversos ámbitos, como el dedicado a las personas jubiladas y mayores. A ellos se les ofrece un ámbito de amistad, donde pueden compartir sus preocupaciones y vivencias y, también, convertirse en miembros cristianos más implicados y solidarios.

—¿En qué consiste la labor de la pastoral juvenil?

—Lo que pretendemos en la pastoral es atender a los jóvenes en las distintas facetas y etapas de su desarrollo personal, acompañarlos en todo lo que necesiten. Para ello, tenemos distintas áreas, como los servicios lúdicos, donde destacan las actividades que hacemos los viernes, que buscan sobre todo que los jóvenes tengan acceso al ocio saludable. Por otro lado, si tienen carencias en los estudios, damos refuerzo educativo a todos los que lo necesiten de lunes a jueves. También tenemos disciplinas deportivas, fútbol y voleibol, y formación cristiana, por supuesto, ya que estamos en una parroquia y somos católicos. Además, también le damos mucha importancia a la solidaridad y participamos en distintas campañas benéficas. Por último, en estos meses de verano nos vamos de campamento para cerrar el curso escolar, es una de las iniciativas que más gustan a los adolescentes.

—¿Desde qué edad empiezan los niños a estar ligados a la parroquia?

—Lo cierto es que desde muy pequeños, prácticamente desde los siete años. La mayoría empieza a formarse para recibir la Comunión y, de una manera u otra, continúan teniendo relación con la pastoral juvenil. En mi caso, por ejemplo, llegué aquí con 15 años y ya lo considero mi casa. Hay que tener en cuenta que somos muy conocidos en el barrio, así que intentamos que esto sea una puerta de entrada, que los jóvenes vean que las iglesias no son sitios solo para personas mayores: que aquí te puedes divertir, que hay gente de tu edad, que te entiende, que vive las cosas como tú. Pretendemos que la relación sea muy cercana, de hecho nos consideramos una familia, tanto entre nosotros como con el resto de áreas de la Parroquia de las Flores, y estamos muy satisfechos con la implicación de toda la gente que participa en las actividades. Cada uno tiene su disponibilidad, pero lo cierto es que todos nos volcamos e intentamos dar lo mejor de nosotros.

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—¿Cuántos integrantes tiene la pastoral?

—Es algo difícil de definir, ya que depende de los días y las épocas. Por ejemplo, a los viernes de ocio saludable que organizamos en la parroquia pueden acudir hasta treinta personas, pero hemos llegado a juntarnos incluso sesenta. Al campamento vamos más de medio centenar de jóvenes y en el refuerzo educativo, que también imparte altruistamente gente ajena a la parroquia pero que quiere colaborar, la cifra oscila alrededor de unos veinte.

—¿Qué opinan las familias sobre la labor que lleváis a cabo?

—La verdad es que están muy contentos y tranquilos, a los animadores  nos conocen de toda la vida y, para unos padres, siempre es una satisfacción que su hijo pase las horas de ocio en la parroquia, en un ambiente sano, en vez de en algún otro sitio. Además, ellos y sus hijos notan que lo que intentamos ofrecer en la parroquia lo hacemos desde el cariño, con una perspectiva cristiana y desde el amor que sentimos al ser hijos de Dios.

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