Presidente Manos Unidas Sevilla

Antonio Jesús Mateos: «Con la crisis las ayudas particulares pasan de Manos Unidas a Cáritas»

Por  7:00 h.

«Para cambiar el mundo primero hay que cambiar la manera de ser de uno mismo». Son palabras de Antonio Jesús Mateos, primer presidente varón de Manos Unidas en Sevilla que recibe a Sevilla Solidaria en el Palacio Arzobispal. Que Antonio tan sólo cuente con treinta años habla de la apuesta de la organización solidaria por las nuevas ideas de gente joven. En su carta de presentación destaca la búsqueda constante de alternativas y vueltas de tuerca con las que conseguir financiación para ayudar a los más necesitados, así como la austeridad.

¿Cuál es su profesión?

Soy ingeniero técnico agrícola, algo que en principio tiene poco que ver con el ámbito de las ONGs.

¿Cómo llega a Manos Unidas?

Mi familia es y ha sido desde hace tiempo de Manos Unidas en Marchena. Mis padres y mis hermanos -soy el menor de cuatro- estaban vinculados con la organización, y yo entré en el mundo de la ayuda y el voluntariado con quince años. Mi relación con la delegación de Sevilla empieza cuando vengo a la capital a estudiar.

¿Cómo fueron esos primeros pasos?

Me impliqué poco a poco, en función de la edad que tenía. Al principio haces de mensajero, o descargando cajas. Siempre he tenido iniciativa, afán por mejorar lo que se está haciendo, simplificar los procesos, llegar a más gente… En todo momento he intentado proponer iniciativas nuevas.

En cuanto a liderar la delegación de Sevilla…

En ningún momento mi afán ha sido llegar a la presidencia de la delegación, pero el año pasado hubo elecciones y entendí que era otra manera de ayudar y colaborar. No es una decisión que se toma a la ligera, está meditado tras ver que lo puedes compaginar con tu día a día.

¿Qué tiempo dedica a Manos Unidas?

Aproximadamente, a la semana empleo cuatro días. Sacas tiempo de donde sea para estar aquí, y se puede compaginar perfectamente con el trabajo. El horario es de diez a una y media de la tarde, y en esas horas mi tarea fundamental es coordinar los departamentos, preparar proyectos que presentar a instituciones…

¿Qué aporta?

Entusiasmo, ganas de trabajar, juventud. Hay un esfuerzo por rejuvenecer la organización a nivel de España. La juventud viene con ideas nuevas, más acorde a los tiempos que estamos, hacen mas usos de nuevas tecnologías.

¿Se adapta la ONG a las nuevas tecnologías?

Sí, tenemos página web y Facebook propio.

¿En qué proyectos estáis inmersos ahora?

Cofinanciados con la Junta, tenemos la construcción de un centro de salud en Mozambique, de la convocatoria de 2009. Este año 2013 se han presentado otros tres y estamos a la espera de si se aprueban o no. Uno en Burkina Faso y dos en Bolivia. Además de eso, se ha presentado un proyecto de ayuda a la Diputación de Sevilla, otro al Parlamento y estamos a la espera de la convocatoria del Ayuntamiento, que saldrá en breve.

Eso en cuanto a los cofinanciados. A nivel de la diócesis, en 2013 son 22 proyectos -unos 650 mil euros- los que se han acogido para financiarlos entre la delegación de Sevilla.

¿De dónde sale ese dinero?

Fondos públicos, herencias, aportaciones de socios, rastrillos, festivales, conciertos, meriendas solidarias, exposiciones y todo tipo de actividades que se organizan en Sevilla y su provincia.

¿Cuánto dinero llega a las zonas en desarrollo de la delegación de Sevilla de Manos Unidas?

En 2012, recaudamos 1.200.000 euros, más de 199 millones de pesetas. Todo el dinero llega a los proyectos de desarrollo excepto el tres por ciento que se dedica a gastos. Somos voluntarios, no pagamos alquileres de local, todo eso hace que llegue prácticamente todo lo recogido. Soy una persona austera, que aprovecha al máximo los recursos y este año vamos a reducir aún más los gastos.

Teniendo en cuenta las cantidades, ¿diría que Sevilla es solidaria?

Sevilla es solidaria. Desde aquí doy las gracias por su implicación y solidaridad.

¿La población está más reticente a ayudar a otros países cuando en España se vive una situación complicada?

Sí. El año pasado se notó un poco y en lo que llevamos de año se ha notado más. Hay socios que se dan de baja o cambian el destino de su ayuda a Cáritas, por ejemplo. Sin embargo, hay que tener presente que donde más se deja sentir la crisis es en las subvenciones públicas. Por contraprestación, han subido bastante las herencias y legados.

¿La gente es consciente de la situación real que viven las zonas en desarrollo?

No lo es del todo. Cuando alguien nos llama para darse de baja, siempre aceptamos su decisión pero tratamos de hacerles ver que en el tercer mundo están muchísimo peor que aquí.

El verano pasado viajó a la India para ver sobre el terreno los frutos del trabajo de Manos Unidas en Sevilla. ¿Cómo fue la experiencia?

Una satisfacción enorme. Si ya de por si luchas, cuando ves que realmente se mejoran las condiciones de vida de otras personas, vuelves a casa con más fuerza. Detrás de mí hay muchas personas que granito a granito hacen que los proyectos de desarrollo en los que trabaja Manos Unidas salgan adelante. Hay que seguir trabajando, luchando y no desfallecer en el camino. Sacar otras vías de financiación y darle vueltas a la cabeza para ver cómo seguir ayudando a estas personas.

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